sábado, 25 de mayo de 2013

El libelo que me dedicaron habría tenido un efecto mucho menos dañino para mí si no hubiese sido generosamente divulgado sin escrúpulo alguno y prescindiendo de toda decencia por aquellos que querían verme reducido al silencio y a la vergüenza. 

El 19 de mayo escribo a uno de los cofundadores y socios de la web Menéame para pedirle que retire el enlace al contenido difamatorio contra mí que ha publicado uno de sus empleados, gerifalte en esa página bajo el alias "JP". El hombre al que me dirijo es Benjamí Villoslada, un chulo mallorquín que posa a lo Terenci Moix en las fotos. Desprecia mi comunicación amistosa, me invita a notificarle por burofax y amenaza con el "efecto Streisand", es decir, con difundir con más saña las injurias contra mí con motivo de mi queja por las mismas. Acto seguido, ejecutando su amenaza, publica en sus cuentas de Twitter y Facebook la página infamante donde se revelan mis datos personales. Busco testigos y guardo las capturas de pantalla.

Esto allana mi camino. Si había alguna duda jurídica para poder imputarle, ya no hay ninguna. Ordeno el envío del burofax mientras pienso que ser "gurú de internet" y administrador de "una comunidad" ha embriagado tanto a este pobre diablo como para creerse inmune a la ley. Habrá que darle a conocer el efecto querella.

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