jueves, 24 de abril de 2014

Los imputados del ciberespacio


Ricardo Galli informaba ayer sobre "otro juicio" contra su sociedad, MENÉAME COMUNICACIONS, S.L., ocultando deliberadamente que esta vez se trata de un juicio penal en el que figura junto a otros individuos como imputado por un presunto delito de injurias. Pero ¿quién quiere hablar de derecho penal y acusados cuando puede declamar sobre libertad y heroísmo?


Anuncié ya que el juicio era inminente, a la espera de dirimir si sería por una falta de vejaciones injustas, como apreció la Juez de Instrucción, o por un delito de injurias, como se solicitaba y finalmente ha estimado el Tribunal ante el que se apeló.

No se olvide, pese a los mujeriles lamentos de Galli, que el que aquí escribe ofreció sin excepción a todos los difusores de un libelo contra él la posibilidad de llegar a un acuerdo amistoso, no reclamándoles más que la eliminación de los enlaces a dicho libelo y, cuando apreció mala fe, la formulación de disculpas públicas.

Recuérdese asimismo que el segundo de a bordo de Menéame, Benjamí Villoslada, despreció con estas palabras dicho ofrecimiento; y que, para completar la hazaña, empleó toda su influencia en internet en los meses sucesivos con tal de que una página falsaria y dañina fuera, en represalia, ampliamente divulgada:

"Por cierto, me aseguré el enlace esté también en Facebook, Twitter y LinkedIn. Por si quiere seguir con más amenazas; ya puestos, no viene de una".

Para estos ciberbucaneros la ley del más fuerte y el clamor de la jauría pesan más que cualquier otra consideración racional.

Galli quería que fuera un Juez quien pusiera coto a sus abusos, extremo éste sobre el que en breve, tal vez, verá sus deseos colmados. En un rapto de éxtasis festivo, Villoslada manifestó que ocasiones así eran dignas de celebrarse:

"No os preocupéis y escribid lo que queráis. Tenemos dinero guardado para abogados y si nos denuncian descorcharemos un cava".

Al fin llegó la hora de romper el cerdito y brindar por la diversión que se avecina. Sin embargo, uno podría dudar de que esta alegría, basada en la difamación y el perjuicio ajeno, sea prudente y esté bien calibrada. Pues, como suele decirse, todo son risas y juegos hasta que alguien pierde un ojo.

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